A veces antes de dormir te recuerdo, con tu recién estrenada y fresca sonrisa, y recuerdo también cuando nos divertíamos. Trato de volver a dormir, de esconderme en sueños suaves donde me refugie de tu ausencia. No soy feliz ahora. La almohada siempre me pregunta cuando volveré a llevar el aroma que las cubrió hace tiempo. Ese de tu cabello, el de la primavera y las flores. No puedo ser nadie sin tu alegría rodeándome la cintura, ni puedo dormir o despertar sin tu presencia translucida. Deberíamos divertirnos cómo demonios en el infierno, o ángeles en el edén, hasta llorar de risa. Pero no sigamos más tiempo distante. Que esta noche fría no ofrece tregua, ni la cama alivio ni el descanso paz. Solo en ti están estos pequeños destellos de belleza que hacen sentirme vivo día a día. Vuelve, o déjame volver al círculo de las mariposas, déjame desenterrar los vestigios de una promesa eterna, y con ellos, devolverte la razón y la vista, para que logres volver a tu sendero de luz y paz. Para que tu alma vuelva a estar completa con la mía, y déjame sentirme pleno entre un beso frio. Frio como aquella mañana donde nos perdimos bajo gotas de rocío, aferrados a un sueño, a una esperanza, aun anhelo, a una sed de libertad.
Déjame volver a tus manos, y a tu sonrisa. Déjame volver a tus labios y tus abrazos, arráncale al tiempo la cuenta y solo déjate llevar por lo que tu corazón dicte, cuando lo pida como una necesidad básica. Déjame volver al cielo, al templo de amor y pasión. Déjame volver a mi casa. Déjame rosarte el alma con besos suaves y frágiles, como si fueran mariposas rozándote la piel. Déjame despertarte con un beso bajo la luz de cameloth. Déjame despertar eufórico a media madrugada y colmarte de caricias tiernas para que sigas durmiendo. Déjame volver a ti, pero más aun, déjame volver a ser yo mi mismo, entre tus caderas. Déjame volver a recuperar un par de alas de concupiscencia de entre tu intimidad, y volar alto, tan alto como tú, y sentir la libertad de ser yo mismo, y poder estar con alguien libre, amándonos realmente.
Pero, por sobre todas las cosas, déjame volver a tus ojos.
Permite que me vea en esos pequeños espejos tan amables pero sinceros. Déjame ver tus dulces pestañas amontonadas como de telaraña o terciopelo. Déjame recordar que es la alegría viendo tu bella mirada. Es que amo tanto tus ojos…
Déjame volver a ellos, a ti, a tu todo. Déjame que tu nombre vuelva a mi boca y el mío a tus dulces labios de ágata, fríos pero firmes.
Déjame volver a ellos, a ti, a tu todo. Déjame que tu nombre vuelva a mi boca y el mío a tus dulces labios de ágata, fríos pero firmes.
Vuelve; o si tú alma esta tan cansada, déjame volver. Déjame ser yo quien de los pasos necesarios, el primer abrazo, el primer beso. Déjame volver a ser pentangelí, y tu se también.
Déjame volver, aun te amo. O vuelve, tu aun me amas…
(Raziel)
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