Las doce en punto marcan el reloj de la torre. Un redoble de tambor acelera el pulso de los miles que aquí nos reunimos. Un Ole tras otro se escuchan por doquier, el rojo satura la vista y agudiza los sentidos. Calor, sed. La adrenalina sabe salada bajo el paladar, y a nervioso sudor en las manos y la espalda. El tiraje de periódico de este día es incalculable…
Ha reventado el chupinazo!
Una estruendosa jauría revienta en la plaza. Los miles son un solo cuerpo danzando al frenesí de la comunitaria alegría de pisar esta tierra tan vasta y llena de arte y cultura para todos aquellos que nacimos con esa sed de saber más.
Y me atrevo a escribir, a pesar de que el viejo Ernesto, el aventurero, me ha ganado la partida con su “Fiesta” Me atrevo a hablarles de aquella tierra tan amada por mis entrañas porque, compañeros míos, esa tierra es mi tierra, esas fiestas son mis orígenes porque mi alma nació allá, donde castillos surrealistas y plazas de piedra alimentan el corazón.
Que alguien me lleve allá, y encierre mi vida en los corrales de Santo Domingo, y la despierte con la banda del pueblo al filo del alba, y la libere para una carrera loca, junto con esas bestias a las 8 de la mañana en punto.
Y rezare en los minutos adecuados por mi alma, y de mi boca saldrá aquella plegaria que ha de llevarme con bien hasta la plaza de toros.
“Entzun, arren, San Fermin zu zaitugu patroi, zuzendu gure oinak entzierro hontan otoi. Viva San Fermín! Viva! Gora San Fermin! Gora!”
Y jamás lastimare al toro con el que comparto sangre y carácter, porque él no es inferior a nosotros, sino nosotros a él, debido a su majestuosidad.
Y si tú que hoy lees esto, te parece simple y sin sentido, te pido que no continúes mas leyendo, pues son hallaras nada que no sea sangre de un pamplonés; pero si, al igual que yo, sientes fervor por una fiesta que se celebra tan lejos, y a la vez tan cerca del corazón, te pido, hermano mío, que vistas conmigo de blanco, que agites tu pañuelo y tu periódico, y corras como loco con toda la fuerza y adrenalina que da el amor por este país.
Y cuando sientas que el corazón no da para más, que está harto e hinchado de tanta felicidad, te pido que cantes conmigo: “Pobre de mí…”
“Pobre de mí/pobre de mí/que se han acabado/las fiestas de San Fermín".
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