martes, 27 de septiembre de 2011

Este texto no es mio, pero quizas es uno de los que desearia que lo fueran... me fascino asi que decidi publicarlo en mi blog, quizas anhelando un poco sentirme parte de este texto. muy, pero muy humildemente: raziel.

Sal con una chica que lea
(Rosemarie Urquico)

Sal con una chica que lea. Sal con una chica que gaste su dinero en libros en vez de ropa. Tiene problemas con el espacio de su clóset porque tiene muchos libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros por leer, que ha tenido una credencial de la biblioteca desde los doce.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre tendrá un libro sin leer en la bolsa. Ella es la que mira con amor las estanterías de las tiendas, la que llora bajito cuando encuentra el libro que tanto ha buscado. ¿Ves a esa chica rara que huele las páginas de los libros viejos en las librerías de segunda mano? Ésa es la lectora. No pueden resistirse a oler las páginas, especialmente si están amarillas.

Ella es la chica que está leyendo en la cafetería. Si te fijas en su taza, verás que la crema está flotando sin ser disuelta porque ella ya no está ahí. Está perdida en el mundo creado por el autor. Siéntate. Quizás te lance una mirada, pues la mayoría de las chicas que leen odian las interrupciones. Pregúntale si le gusta el libro.

Cómprale otra taza de café.

Dile lo que realmente piensas de Murakami. Averigua si pudo terminar el primer capítulo de La Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió “Ulises” de James Joycea a la primera, sólo lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si ama a Alicia, o si quisiera ser Alicia.

Es fácil salir con una chica que lee. Dale libros en su cumpleaños, en Navidad y en aniversarios. Dale el regalo de la palabra, en poesía o en canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings. Hazle saber que tú entiendes que las palabras equivalen al amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad pero, ¡por Dios! Ella intentará que su vida se parezca un poco a su libro favorito. Jamás será tu culpa si lo hace.

Tiene que intentarlo de alguna manera.

Miéntele. Si entiende de sintaxis, entenderá que tienes que mentir. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, diálogo. No será el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee sabe que el fracaso siempre lleva al clímax. Porque ella entiende que todo tiene un fin. Que siempre puedes escribir una secuela. Que puedes comenzar una y otra vez y seguir siendo el héroe. Que la vida tiene un villano o dos.

¿Por qué temerle a todo lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas, como los personajes, se desarrollan... excepto en Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lee, mantenla cerca. Cuando la encuentres despierta a las 2:00 de la mañana, sujetando un libro contra su pecho y sollozando, hazle una taza de té y abrázala. Quizás la pierdas por un par de horas, pero siempre regresará a ti. Hablará como si los personajes del libro fueran reales, porque por un rato lo son.

Le pedirás que se case contigo en un globo aerostático. O en un concierto. O muy casualmente la próxima vez que se enferme. En Skype.

Vas a sonreír tanto que te preguntarás porque tu corazón no se ha salido de tu pecho aún. Vas a escribir la historia de su vida, tendrás niños con nombres raros y gustos todavía más raros. Ella presentará a tus hijos con El Gato del Sombrero y Aslan, tal vez el mismo día. Caminarán en el invierno de la vejez juntos y ella recitará a Keats muy quedito mientras tú te sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si sólo puedes darle monotonía, horas huecas y propuestas vacías, estás mejor solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay en él, sal con una chica que lea.

O mejor aún: sal con una chica que escriba

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