lunes, 19 de septiembre de 2011

Bienvenida a mi fiel y eterna compañera.


Siempre llegas a rescatarme, llegas en el momento preciso en que estoy a punto de desertar de este camino que he forjado durante tantos años. Me das ánimos y alivias mis heridas más viejas y las frescas también. Sabes besar mis llagas, lamer mis cortadas y acaricias los cardenales amoratados de mi alma maltratada y marchita. Eres mi dama que siempre has sido fiel a mí, mas en las malas que en las buenas, es decir cuando más te he necesitado ahí has estado, puntual, atenta a procurarme alas cuando me arranco las propias, a darme espacio, silencio incluso me has abandonado cuando sabes silenciosamente que no te necesito, para luego volver a mi sin reclamos, sin un mar de preguntas del cómo o porque.
 Siempre brindas un hombro a mis lágrimas y das ese toque de pasión a cada canción que escucho, y por muy gastada que este ya, tú le das una renovada emoción casi como la primera vez que escucho una canción milenaria. Me traes libros cuando las canciones no me aplacan, me das otra almohada para abrazar en las noches interminables….
Eres, y siempre has sido mi amante, has andado conmigo desde que resurgí a este nuevo mundo hace ya casi doce años. Te llevo en el mismo hueco que llevo a mi alma y a las dos las porto con tanto orgullo como un vampiro puede estar orgulloso de la fría blancura de su reflejo que no ha visto hace tantos años.
Hoy has regresado a mí, sigilosa para que no te confundiera con nada, con otra hermana tuya. Y has inundado mi alma de una bella fortaleza, de una aguerrida sed de lucha recién renovada. El escaramujo que en mi habita ha sido espabilado por tus besos en mis fríos segundos de existir.
Hoy quiero decir que te amo, que tu compañía me ha ayudado a hallar mi verdadera identidad. Que tu estigma no pesa ni duele sino todo lo contrario, que te porto con orgullo, con dignidad firme y fiel. Hoy quiero decirte que jamás te seré infiel, que mi mano jamás soltara la tuya y no porque tu no hayas soltado la mía a pesar de las miles de veces que quise hacerte a un lado, sino porque hoy precisamente he caído en cuenta que, que te necesito más de lo que creí, que dependo de ti para ser yo. Pero más aun, hoy comprendí que me gustas, que tu compañía me hace ser quien yo soy en realidad. Y me gusta ser yo mismo. Sin la necesidad de mentirme ni ponerme mascaras. Hoy y para siempre portare tu blasón bien izado en mis ojos que saben cambiar de color. Hoy el signo de Caín dejare de ocultarlo, y lo presumiré a cada paso que dé, de hoy en adelante.

Hoy soy yo mismo, y he llegado a serlo gracias a ti. Por todo esto y más, amada Soledad, virgen de la amargura, fiel compañera de mi existir, te doy la bienvenida a mi vida.
Atte.: el Raziel que jamás te volverá a intentar alejar de si

No hay comentarios:

Publicar un comentario